lunes, 16 de junio de 2008

ES HORA DE VIVIR(Blade Runner)


los días de mi vida serán,
a partir de ahora, 2 de julio de 2002,
como todos esos momentos
que se pierden igual
que lágrimas en la lluvia:
naves en llamas más allá de orión,
rayos brillando en la oscuridad,
cerca de la puerta de tanhaussen.

amaré la vida siempre,
y no solo en el momento de perderla.

aspiraré a lo que ya poseo, conservándolo:
la luz, la limpia lluvia, la mar,
los chillidos de las gaviotas en el tejado,
los buenos días del gato
blanco de la ventana de enfrente,
el hogar en que echamos raíces…

y el día de mañana, en la vejez,
quizá me sea concedido el privilegio
de contemplar
cómo se deslizan por el cristal de nuestra ventana
las gotas
de lluvia.

David González, La carretera roja

domingo, 15 de junio de 2008

MORIRÉ UN DIA DE ESTOS


Moriré un día de estos,
amigos, amigas, familiares, madre,
amor mío, os lo anuncio.
A vosotros todos, tan extraños,
seres queridos, a los que nunca comprendí.
Moriré cualquier día inapropiado,
y será por decisión unánime
de todos los demonios que me colonizan.
Sí, será por decisión propia.
Moriré limpio y recién mudado
para cumplir con el decoro
de exhibir un cadáver impoluto y presentable.
Lloradme si os place, si sufrís,
no me recordéis en demasía,
y no enterradme con los muertos.
Esparcid las cenizas de mi fuego
en el viento de un día lluvioso.
Bajo la lluvia a la que tozudamente amé,
esa lluvia que me pertenecía.
Moriré un día de estos,
limpio y recién mudado,
queridos os lo anuncio,
cualquier día inapropiado,
de lluvia innecesaria.


Carlos Cebrián

sábado, 14 de junio de 2008

SI TODO VUELVE A COMENZAR




Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.
Soy peor todavía de lo que muchos creen.
Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años en el mismo lugar
y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine.
Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate.
Jose Agustin Goytisolo

jueves, 12 de junio de 2008

VOLUNTAD DE VIVIR MANIFESTÁNDOSE


Ahora me comen
Ahora siento cómo suben y me tiran las uñas.
Oigo roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra.
Bailan, bailan sobre este montón de tierra
y piedra que me cubre.
Me aplastan y vituperan
Repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han aprisionado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Éste es mi momento.


Reinaldo Arenas
(Prisión del Morro, La Habana, 1975)

domingo, 25 de mayo de 2008

HORROR EN EL MERCADO


Un ruido me sobresalta en mitad de la noche. Me despiertan unos pasos rápidos. De un salto salgo de la cama y me dispongo a ver quien otea por casa. No veo a nadie. Solo sombras y oscuridad. Camino por el pasillo sin conseguir ver nada. Un extraño ruido proveniente de uno de los cuartos me hace dudar. Un escalofrío que recorre mi espina dorsal me hace dudar. Respiro hondo y me encamino a la estancia de donde vienen los ruidos. Respiro aliviado. No es nada de lo que podía imaginar.
Mi abuela permanece sentada en la cama llorando. El Alzheimer ha vuelto a hacer de las suyas y la tiene ahí. Llorosa y asustada. Yaya, ¿Qué pasa? Puedo ver el miedo a través de sus ojos. Ella casi no puede hablar. El llanto no la deja. No me reconoce, pero se acurruca en mi regazo. Habla de sirenas y de bombas. De mujeres corriendo decapitadas. De niños asustados. De gritos. De aviones Savoia sobrevolando cielo alicantino. De un mercado destrozado y desolado. De sangre y escombros. Todo un compendio de imágenes inconclusas y aleatorias.
Recuerdo de niño esta historia. Era un relato recurrente en las historias que a la luz de los fogones de paellas domingueras, mi abuela relataba a todos los nietos. Una historia de horror y muerte, que a todos nos parecía fascinante. Creíamos que sería fruto de su inventiva. Nos parecía tan increíble e irreal. Nosotros, los nietos, hijos de la Democracia y la libertad, nos parecía inverosímil tanto horror. Ella fue hija y testigo de una guerra civil inútil y sangrienta. De un bombardeo que junto el de Guernica, se organizó para arrasar a la población civil, con el objetivo de desmoralizar al bando que un año más tarde sería el vencido.
Parece que se va calmando. El Alzheimer ha vuelto a hacer de las suyas. Le ha hecho revivir aquellos momentos. Porque lo que le ocurre a ella no es que los recuerde, los vuelve a vivir con la misma intensidad de aquel 25 de Mayo, hoy tan olvidado por ciertos sectores de la política y la sociedad alicantina. Esa extraña enfermedad juega siempre con ella. Es una de las partícipes de su propia memoria histórica. De ese auto homenaje que hace ella en su mente. De la masacre que se llevó por delante a mas de 300 personas y que hoy deberían ser homenajeadas.

lunes, 5 de mayo de 2008

HÉROE



Eres el héroe que soñabas. ¡Lo has conseguido! Pasas por la vida tan desapercibido que te has llegado a creer importante. Y vuelas pro encima de sus cabezas. Sobrevuelas los cielos de nubes, estrellas y lunas. Plantándole cara a la vida. ¡Y vaya vida! De casa al trabajo del trabajo a casa, quince horas esclavo de tu destino. Pero te resignas. Y miras por la ventana esos cielos de estrellas y nubes que los ves pasar cada mañana, cada tarde y cada noche.
Eres el héroe que soñabas y la vida te está ahí aguardando. Te cobija en su seno y te muestra al mundo con orgullo. ¡Lo has logrado! Has conseguido ser un héroe mas entre los millones y millones que pueblan la tierra.

domingo, 27 de abril de 2008

LA ODISEA


A Ruth, Mónica y Marisa. Mis tres sirenas.


Cuenta Homero en la Odisea que Ulises para que no enloqueciera su tripulación por el canto de las sirenas, les puso cera en los oídos y les hizo que le ataran al mástil del barco, sin taparle los oídos, para comprobar ese canto hipnotizador. Se podría decir que esto que les estoy contando es una leyenda, una historia que pasa de padres a hijos a lo largo de la humanidad y realmente no parte de una base real. Nos equivocamos. Todas las historias parten de una base real para poder ser contadas.
Hace unos días. Un jueves cualquiera, tras la finalización de la jornada laboral, partí hacia una cafetería donde un amigo, que había acudido a mi llamada, esperaba expectante para que le contara que estaba planeando. Varios proyectos artísticos me rondan la mente y uno de ellos se lo fui a plantear. Primero porque me apetecía verle y segundo porque querría que él también formara parte del mismo. Tras varias cervezas y varios vinos, cada uno partió a otro destino. Otra isla que conquistar. Mi amigo se encaminó hacia su casa. Yo fui derecho a la denominada popularmente “plaza de los colgaos”. Donde otro amigo también artista me esperaba. Allí estaba con su Vespa roja.
Tras saludarnos, hicimos marcha sin pensar, a la cafetería Arteria. Conforme íbamos haciendo camino los alcoholes que cohabitaban en mi cuerpo, comenzaron a dar signos de que querían guerra. Mi paso cansado se fue acentuando, hasta que por fin, pudimos sentarnos en una mesa. La misma gente de siempre, con sus mismas copas y conversaciones; formaban parte ya del paisaje del lugar. El mojito, los puritos y las risas hicieron que nuestra conversación fuera distendida como siempre.
Una alarma de la compuerta de la vejiga comenzó a dar la señal. Rápida evacuación. Me levanté, entré en los servicios y durante un largo rato, me dispuse a sucumbir en el placer. No hay nada tan placentero como orinar después de varias cervezas. Me lavé las manos y al salir vi a Ruth; una amiga que permanecía sentada en una de las mesas. El alcohol me impedía abrir el campo de visión y no vi nada más. Tampoco pude moverme hacia ella. Tan solo intenté volver sobre mis propios pasos, para llegar a donde estaba mi querido amigo.
Días más tarde. Un lunes concretamente, Marisa, una amiga también amiga de Ruth me dijo: ¿No nos vistes eh? Me quedé muerto. ¿Cómo? Pregunté yo. Sí, el jueves en Arteria, Mónica y yo, estábamos con Ruth. Me quedé paralizado. No me podía creer que las hubiera ignorado de esa manera. El alcohol había hecho de las suyas y me había anulado el canto de las sirenas. Odiseo debió hacer lo mismo. Darles vino a los soldados. Desde ese día vuelvo a artería para encontrarlas. No bebo. Tan solo busco el fuego de Troya en sus posibles ojos.