sábado, 5 de julio de 2008

VIVIR


Buscar razones para vivir es una buena razón para seguir viviendo, y si no las hay, hay que inventárselas.
El problema no importa; importa la solución.


Siempre hay que seguir, aunque sólo sea por curiosidad.


Estas citas pertenecen a la película Martin (H)

jueves, 3 de julio de 2008

DONDE HABITA EL OLVIDO


Me siento dichoso de poder levantarme cada día. Por las mañanas intento hacer algo provechoso. Miro el despacho, la libreta de las notas y la pereza puede conmigo. A veces deambulo por casa sin rumbo fijo, solo por el placer de caminar. Los pasos se acortan por el diminuto pasillo, mientras caliento mis manos con la taza de café recién hecho.
Tras la copiosa ingesta del desayuno, me aseo y hago un listado de posibles tareas a realizar. Una de las más imprescindibles, la que necesita ser tratada de inmediato, es la limpieza y ordenación del cuarto que utilizo como despacho. Miles de papeles, revistas, libretas, cds, Dvds, permanecen acomodados en lugares impropios para gente de su especie. Mi desorden ordenado parece un caos a los ojos de cualquiera, pero yo, lo encuentro todo. Cojo los utensilios de limpieza y abrazándome al cepillo con cara de extrema melancolía me dispongo sin dilación a la tarea requerida. ¿Quién me manda a mí tener tantas cosas? ¿Por qué guardo todo? Al cabo de dos horas parece que voy viendo la luz al final del túnel, y me siento orgulloso de mi mismo por haber superado la prueba. Pero un cajón se delata a sí mismo. Intentando guardar unas revistas en un estante que va a explotar de tantas cosas inservibles, me percato de que un viejo álbum de fotos reclama su protagonismo. Lo cojo, le quito el polvo con el paño que llevo en la mano y me dispongo a revisar en ese baúl de recuerdos. Nada más abrirlo y por el color gris de las fotografías me percato que es uno de los viejos álbumes de fotos de mi abuela materna. Paso una a una las hojas, al cabo de un rato en el que me vence la melancolía me doy cuenta que a muchos de los personajes de las fotografías les falta la cabeza. Sí, en infinidad de instantáneas, aparece uno de los personajes con la cabeza cercenada. Me inquieto. Por un instante mi mente comienza a pensar en el no estar, no existir. Sí, debe ser duro el desaparecer sin saberlo, como a una ciudad que la borran de un mapa por un error de imprenta. Cierro el álbum. Al cabo de un rato vuelvo a abrirlo fijándome en las personas exactas a las que mi abuela, con precisión de relojero, ha decapitado. Todos y cada uno de los hombres o mujeres sin cabeza son los que han querido ser sacados o borrados de los buenos momentos que reflejan esas instantáneas. Familiares, conocidos o amigos que sacaron demasiado los pies del tiesto y por eso el tribunal inquisidor de mi abuela ha ordenado su pronta decapitación.
Es curioso cómo queremos borrar partes de nuestro pasado. O como las recordamos. Yo recuerdo los sábados en que iba con mi familia a almorzar al primer taller de Joyería que montaron mis abuelos y tíos en la antigua calle Jaime García Miralles hoy Tomas y Valiente (junto al parque 1 de Mayo). Esos bocadillos de atún y esas Coca-Colas de botella de cristal de litro, tenían un sabor especial. Jamás en la vida me ha sabido nada tan bien como esos almuerzos. Pero no revivo varios sábados, mi mente los condensa todos en uno. Como también mi mente, en acto de autodefensa, bloquea los malos momentos. Las muertes, las enfermedades, todos y cada uno de los períodos que deben ser condenados al olvido. Así funciona este archivo nostálgico que tengo por cerebro. Cada vez que un mal momento asoma sus patitas por la mente, ¡Zas! Es cazado y neutralizado como un virus de ordenador. Y así continúo el camino.
Es extraño saber que uno es también parte del recuerdo o del olvido de alguien. Que podemos ser el hombre de cabeza cercenada. Que somos básicamente pasto de un recuerdo. Que podemos vivir, como muchos otros, donde habita el olvido.

martes, 17 de junio de 2008

NO VOLVERÉ A SER JOVEN


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma
"Poemas póstumos" 1968

lunes, 16 de junio de 2008

ES HORA DE VIVIR(Blade Runner)


los días de mi vida serán,
a partir de ahora, 2 de julio de 2002,
como todos esos momentos
que se pierden igual
que lágrimas en la lluvia:
naves en llamas más allá de orión,
rayos brillando en la oscuridad,
cerca de la puerta de tanhaussen.

amaré la vida siempre,
y no solo en el momento de perderla.

aspiraré a lo que ya poseo, conservándolo:
la luz, la limpia lluvia, la mar,
los chillidos de las gaviotas en el tejado,
los buenos días del gato
blanco de la ventana de enfrente,
el hogar en que echamos raíces…

y el día de mañana, en la vejez,
quizá me sea concedido el privilegio
de contemplar
cómo se deslizan por el cristal de nuestra ventana
las gotas
de lluvia.

David González, La carretera roja

domingo, 15 de junio de 2008

MORIRÉ UN DIA DE ESTOS


Moriré un día de estos,
amigos, amigas, familiares, madre,
amor mío, os lo anuncio.
A vosotros todos, tan extraños,
seres queridos, a los que nunca comprendí.
Moriré cualquier día inapropiado,
y será por decisión unánime
de todos los demonios que me colonizan.
Sí, será por decisión propia.
Moriré limpio y recién mudado
para cumplir con el decoro
de exhibir un cadáver impoluto y presentable.
Lloradme si os place, si sufrís,
no me recordéis en demasía,
y no enterradme con los muertos.
Esparcid las cenizas de mi fuego
en el viento de un día lluvioso.
Bajo la lluvia a la que tozudamente amé,
esa lluvia que me pertenecía.
Moriré un día de estos,
limpio y recién mudado,
queridos os lo anuncio,
cualquier día inapropiado,
de lluvia innecesaria.


Carlos Cebrián

sábado, 14 de junio de 2008

SI TODO VUELVE A COMENZAR




Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.
Soy peor todavía de lo que muchos creen.
Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años en el mismo lugar
y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine.
Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate.
Jose Agustin Goytisolo

jueves, 12 de junio de 2008

VOLUNTAD DE VIVIR MANIFESTÁNDOSE


Ahora me comen
Ahora siento cómo suben y me tiran las uñas.
Oigo roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra.
Bailan, bailan sobre este montón de tierra
y piedra que me cubre.
Me aplastan y vituperan
Repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han aprisionado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Éste es mi momento.


Reinaldo Arenas
(Prisión del Morro, La Habana, 1975)